El crecimiento económico y las expectativas de vida en Chile, contando la historia.

Actualizado: mar 23

¿Existe una correlación entre la riqueza de un país y en lo longevo de su población? A primeras, la respuesta tienda a ser que sí. Una parte de ese ingreso debería ser invertido en salud y en consecuencia cuando este aumenta hacer que las personas en promedio vivan más años que antes.

Cuando analizamos el caso de Sudamérica, vemos que en los años 60’ la masa de los países tenían un nivel de ingreso per cápita similar, con expectativas de vida bajo los 60 años para la gran mayoría. Comenzando la década de los 70’s muchos de estos países ya habían superado esa barrera, pero no sería hasta el final de esta década que comenzaría un crecimiento económico en la región, liderado por países como Venezuela y Uruguay. En los 80’s se vivió una época de desaceleración, sin embargo, la bonanza experimentada en la década anterior ya había permitido a los países más desarrollados del continente tener una expectativa de vida superior a los 70 años. Los siguientes 10 años también significaron un aumento en los ingresos de estos países, ya con la gran mayoría de los países superando la línea de los 70 años de vida. La excepción a la regla aquí sería Bolivia, país que no vería crecimientos significativos en su PIB per cápita hasta la entrada del siglo XXI. En este nuevo siglo ya se puede ver de manera muy marcada la existencia de dos grupos de países con ingresos per cápita similares, pero una homogeneidad en cuanto a la esperanza de vida en la región. En cuánto a Chile, probablemente el país con mayor crecimiento económico, ya ha superado la barrera de los 80 años de vida promedio.

Pero ¿Han realmente los países traducido este crecimiento económico a la población con mayores inversiones en salud? Si miramos el gráfico n°2, para el caso de Chile, al menos desde el año 2000 pareciera haber una cierta correlación positiva entre el PIB per cápita y el porcentaje de este que se destina a salud, el cual ha tenido considerables aumentos, caso muy similar a las demás naciones.

Sin embargo, no sólo debemos considera la inversión que hace el estado en salud. El sistema en Chile permite una gran participación del sector privado, por lo que se hace imperioso analizar si hay más dinero en el bolsillo de los individuos el que eventualmente también podría ser invertido en salud. Ya hemos dejado claro que ha incrementado la riqueza disponible para su población, pero ¿Ha sido está repartida equitativamente? Uno de los indicadores más usados para representar esta distribución es el índice de Gini (va desde 0 a 1, mientras mayor, menos equitativo). Mirando el gráfico n°3, podemos ver que desde el año 1990, ha habido una disminución sostenida de este índice en nuestro país. Pasando desde un 57,2 a un 46,6 el año 2017 (última información disponible). Sin embargo, esta cifra sigue sin ser demasiado alentadora, ya que, si bien se encuentra en niveles bastante parecidos al resto de países de Sudamérica, es el segundo más desigual dentro de las naciones que componen la OCDE (ver página 2).

En conclusión, si bien no podemos asegurar que el crecimiento económico de los países influye directamente en la esperanza de vida de su población, si hemos podido ver como estos han ido de la mano durante las últimas décadas. De cualquier manera, es importante considerar factores como la inversión en salud pública y la forma en que los países distribuyen su riqueza entre sus habitantes, lo que también permite acceso a una mejor salud y calidad de vida.

Todas estas conclusiones han sido posibles gracias a 3 simples gráficos en los que hemos podido relacionar distintos tipos de datos, en este caso referente a uno o varios países a través del tiempo. Esto refleja la importancia de saber elegir la manera correcta de representar los datos, que nos permitan contar de mejor manera la historia.


Fuente: Banco Mundial


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